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Jul 7 , 2015

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¿En que cree Benedicto?

by Dardo J Calderon
¿En que cree Benedicto?

De la mano de Mons. Tissier y con citas de los textos de Joseph Ratzinger, veamos cómo se entienden los artículos de fe para el ¿Papa? (nunca me quedó claro si lo sigue siendo o no).

No voy a dar las citas, quien las quiera me las pide o compra el libro (en Francia, acá no está), pero lo que va entre comillas es textual de Ratzinger.

Y DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS:

“Ningún otro artículo de fe es más extraño a nuestra conciencia moderna”

Pero no asustarse, no quiere decir que bajó físicamente a ningún lado horroroso, es una imagen, nada más… “Representa la experiencia de nuestro siglo… el tema del desamparo (es un tema de Heidegger) el desamparo por la ausencia de Dios, del que Jesús hace su experiencia en la cruz: ¡Dios mío, por qué me has abandonado!”. Quiere decir…”que Jesús franqueó la puerta de nuestra última soledad, que entró, a través de su Pasión en el abismo de nuestro desamparo”. (Aquí nada tiene que ver el Limbo de los Justos al que bajó Cristo, ni se nombra) “allí donde ninguna palabra nos espera, está Él. De esta manera, el infierno es sobrepasado, o más exactamente, la muerte, que es este infierno, no lo es más… después que en la muerte habita el amor.”

En suma, el descenso a los infiernos es una imagen, en la que el infierno es la muerte y la sensación de desamparo que produce esta muerte, pero este desamparo y esta muerte, son vencidos porque nos espera el Amor.

Y RESUCITÓ ENTRE LOS MUERTOS:

Este artículo de fe, trata de la persistencia del amor “que pretende la eternidad”, habla de que “el amor es más fuerte que la muerte” (parece una canción berreta). El hombre “no puede sobrevivir más que continuando su subsistencia en un otro” (linda manera de resucitar) “que es Él, el Dios de los Vivos”. (Antes era más fácil. Resucitabas vos y listo, no hacía falta otro en el que subsistir. ¿Subsistiríamos en Dios? ¿Seríamos personas nuevas de la Trinidad? No se asusten, no usa las palabras en el sentido decantado por la doctrina cristiana.)

En esta imagen, Jesús “se muestra tan poderoso para probarles (a los discípulos) que en Él, el poder del amor es mucho más fuerte que el poder de la muerte”.

El asunto no es si Él y nosotros mismos, vamos a efectivamente a resucitar. Tampoco es el asunto de si Cristo resucitó como un hecho histórico concreto y testimoniado. Lo que importa es resaltar con esta imagen, la “fuerza del amor”, la persistencia de nosotros en los otros, por el amor, y de todos juntos en Él, que no es Él, sino ese mismo amor ¿entendieron? Yo tampoco. Eso les pasa por no ser modernos y andar esquematizando.

Y SUBIÓ A LOS CIELOS:

“Hablar de ascensión a los cielos o descenso a los infiernos refleja, a los ojos de nuestra generación despertada por la crítica de Bultmann, esa imagen de un mundo en tres pisos que llamamos mítica y a la que consideramos definitivamente perimida”. (Sin más vueltas… cielo, tierra e infierno: ¡caput!... se dice en alemán).

“Esta concepción (la perimida) ha ciertamente forjado imágenes por las cuales la fe se ha representado los misterios, pero es bien cierto que esta no constituye lo esencial de la realidad afirmada. La realidad es que hay dos polos”.

Acá nos pide entender que no se trata de que baja o sube en las dimensiones del cosmos, sino en las dimensiones de la existencia humana, esos polos juegan dentro nuestro, no en los tres pisos de la concepción mitológica; cielo, tierra e infierno,  son nuestros estados, a saber: desamparo-muerte; yo mismo en mí mismo; yo superado en los otros.  Nos dice expresamente que la Ascensión de Cristo “evoca el otro polo de la existencia humana (el primero era el desamparo de la muerte), el contacto con todos los otros hombres en el contacto con el amor divino”.

Es decir que ni bajó a los infiernos (que no son lugar alguno sino imagen del desamparo y la muerte), que no importa si resucitó, ya que resucitar es permanecer en el amor de los otros y salir del yo mismo en mí mismo, y que no subió a los cielos, sino que hizo esa cosa rara de no sé cuántos contactos. Veamos que el cielo no es sólo la visión de Dios, sino una serie de intercontactos humanos “en Dios”, asunto que no sabemos si se da acá o en otro lado.Les traduzco la conclusión de Tissier:

“La realidad física de los misterios no está ni descripta ni comentada, no se afirma ni se niega – salvo la de la ascensión que parece bien negada – simplemente esta realidad no interesa, está puesta entre paréntesis, como lo hará Husserl, porque ella no es “lo vivido” (no es el fenómeno, sino la expresión del fenómeno en lenguaje histórico depasado). A esta altura, poco importa la realidad histórica del Evangelio. Lo importante es que los símbolos escriturarios de descenso, resurrección, y ascensión, y los dogmas que les corresponden, puedan resumir la experiencia interior del hombre del siglo 20 o 21. Ratzinger le otorga simplemente a esta experiencia una substancia cristiana sacada de alguna parte del Evangelio: el desamparo de la Cruz. Así cristianizado, la relectura existencialista del dogma se halla confirmada: la verdad de los hechos de la escritura, la verdad del dogma, consisten en el poder de evocación en los problemas existenciales de la presente época”.

“Se trata de un libre movimiento de creación vital de nuevos sentidos de la Escritura. La exégesis deviene un arte adivinatoria: deviene en lo que Dios jamás entendió significar…”.

“La exégesis deviene al final en un puro arte de des-fabulación: en el misterio que nos ocupa, la ascensión no es más que una alegoría poética puramente verbal; sobre la apariencia de hechos y gestos de Cristo, ella resume directamente el hecho moral del retorno del alma a Dios.

La exégesis deviene sobre todo un arte de creación libre según la vía de inmanencia denunciada por San Pio X: la “transfiguración” obrada por el escritor sagrado, de sus sentimientos religiosos en hechos fabulosos, y de vuelta, la desmitologización de los hechos evangélicos, obrada por los exégetas”.

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Con el libro de Mons. Tissier podemos seguir largamente repasando esta prolija “deconstrucción” (antes decíamos “demolición”, pero es más coqueto) del mito… (Iba a decir al logos, para usar una frase común, pero no es así) es del mito al mito moderno. Prometo no abusar más de uno o dos artículos más. Pero vayan formándose una idea de lo que hay en la cabeza de este hombre y de sus pedisecuos conservadores y “dejen toda esperanza”, como rezaba en la entrada del infierno de Dante, frente a sus posturas “conservadoras”: son la quintaesencia de la revolución.

Traten de hacerse una idea de lo hay en la mente de estos tipos cuando celebran una Misa ¡!, cuando hablan de renovar un Hecho que están seguros de que nunca existió fuera de la resonancia “fabulosa” en la mente del escritor sagrado, y al que ellos están desmitificando – sin prisa y con paciencia- en el nuevo entorno significante que han armado con la reforma de la liturgia; entorno inspirado en esta teología “extraña” que cultivan.

Suelo ser medio tremendo en mis conclusiones, pero cerremos el artículo con un párrafo de Tissier:

“Por cierto, “la hermenéutica del Concilio y de Benedicto XVI” como la llamo por comodidad, tiene una cierta cosa mucho más grave que la simple pérdida de la fe, ella conduce al establecimiento de otra religión, hecha de una fe claudicante en Dios y de una fe renaciente en el hombre y en su dignidad inasible e inviolable. El hombre toma el lugar de Dios en el santuario y fuera de él. EL MISTERIO DE INIQUIDAD SE MUESTRA A LA LUZ DEL DÍA”. (El resaltado es mío).

PS. (Cuando corregí con la máquina, donde dice “Bultmann”, ponía “Batman”, y me dio un ataque de risa, porque ese es el sentido admirado (¡nos despertó!) en que lo cita Ratzinger, como diciendo… ¡Lo dijo Batman!)