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Jul 18 , 2015

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Iglesia y Estado ( Unidad o Dualidad)

by Dardo J Calderon
Iglesia y Estado ( Unidad o Dualidad)

La idea de que el cristianismo entiende que el campo donde rige el Estado, es un orden natural que se basta a sí mismo y que se explica en sí mismo, con un fin propio - que es bueno que esté subordinado al fin sobrenatural - pero que no necesariamente debe estarlo para lograr su fin propio, en la medida que sí se subordine al orden natural; es la idea que ha terminado por imponerse en casi todos los tratadistas católicos de nuestros dos últimos siglos. Con menor o mayor énfasis y claridad, se encontrará la penetración de este error en grandes (y pequeños) pensadores argentinos, chilenos y españoles, que tienen gravitación en nuestro medio.

Nosotros, con la tradición, pensamos que no es así. Ese orden natural no es un orden completo y cerrado, con un fin propio (aún subordinado), ya que la misma naturaleza requiere de la gracia para lograr sus objetivos principales (como la virtud). Que ese “orden”, aún natural,  tiene como fin la salvación de las almas y la vida bienaventurada, fin imposible de conseguir son medios sobrenaturales.

Que la gracia “supone la naturaleza”, no quiere decir que la supone ni completa, ni autosuficiente, ni perfecta. La gracia la completa y la eleva en una “asunción eminente”, la transforma, le da una nueva forma.

Que la teoría de los fines intermedios suele ser muy mal planteada cuando se entiende como una “adquisición por etapas”, en los que dados unos, se escala hacia los superiores (si tengo un buen orden político, puedo luego buscar un orden espiritual).  Ya que los llamados fines intermedios son adquisiciones “por añadidura” en la búsqueda del fin último, se encuentran como efecto del primero y no son causa. (Error que se da por mala filosofía y peor teología).

Por otra parte, no hay posibilidad alguna de lograr una “convivencia social” ni mínimamente potable, sin la dirección a este fin sobrenatural y con medios sobrenaturales. La naturaleza queda trunca en todos sus objetivos. En especial en el político. Por lo que la Iglesia Católica, administradora de esos bienes sobrenaturales e imprescindibles, tiene la supremacía política de toda la humanidad, siendo la actividad política o regia un órgano de Ella. Y si no lo es, pues es rebelión, sedición; no es política, es antipolítica; y no es sociedad, es disociación. Es perdición.

Que no entender que la Gracia es un medio insoslayable para cualquier consecución humana, es no entender la “Nueva Creación” que efectúa Cristo en su Encarnación y Pasión, y retrotraerse a una creación que, herida por el pecado, fallida por el pecado, no puede llegar nunca a nada. Que no hay una “humanidad” lograble y dignificante en sí misma que suponga la titularidad de derecho alguno. Que esta Gracia obtenida en la Redención es - en términos de una analogía real (no metafórica) - una nueva “forma” (causa formal) para el hombre, una nueva alma  (y no un simple accidente. O si gustan los filósofos, un accidente de tal entidad, que sustituye la determinación de la forma, por una forma externa; como el cincel que es movido por el artista); una nueva “forma” de lo social, y es justamente: la “causa formal” de la Iglesia, de la que los católicos fieles son la materia. Que es por esto que la Redención es una Nueva Creación, aún más magnífica que la primera. Es la vida misma de Cristo que entra en nosotros por la gracia, es una “Cristificación” de lo individual y de lo social. “Ya no soy yo, sino que es Cristo en mí”, dice el Apóstol (¡¿o dice metáforas?!).

Es por ello que no alentamos ninguna acción política que no tenga este fin supremo, ni sea su objetivo primordial el que la sociedad sea parte activa de la Iglesia Católica. Sería fundar sobre arena.

Que descreemos de todo bienestar logrado sin ese fin (salvo los de más baja, evidente y básica utilidad como las cloacas; y así mismo con dudas), porque todos esos objetivos obedecen a cálculos humanos sobre una realidad que los exceden, y siempre han sido para mal. Son producto de una soberbia intelectual. Estos bienes deben siempre guardar la regla de ser “por añadidura” y en la medida y forma que Dios dispone, y no bajo estrategias puramente humanas. “El que conmigo no junta, desparrama”. (Quizá convendría mejor que olamos lo que hacemos, como convendría que la pasemos peor en términos de lujo y bienestar material. Creemos que juntamos y resulta que desparramamos).

Que a los efectos de evitar confusiones traídas por los mismos católicos, y producidas como efecto de querer “buenamente actuar” con los poderes modernos establecidos (ralliement- entrismo- conformismo- naturalismo- desesperación- derrotismo y cobardía), les traemos un texto glosado de un autor alemán agnóstico, que dice con claridad cuál es nuestro pensamiento, bien visto desde fuera de manera objetiva, a ver si los demás nos devuelven una razón que hemos perdido.

Otto von Gierke. Teorías Políticas de la Edad Media. Huemul. (Traducción de Don Julio Irazusta):

“…en todos los siglos medievales la cristiandad, idéntica en su destino con la humanidad, nos es presentada como una comunidad singular, universal, fundada y gobernada por Dios mismo. La humanidad es un “cuerpo místico”… es una corporación que lo comprende todo, que constituye aquel reino universal, espiritual y temporal, que puede llamarse la Iglesia Universal (república generis humani)…

…sin embargo, junto con esa idea comprensiva de la humanidad, la Edad Media aceptaba como eterno consejo de Dios, la separación de aquella comunidad entre dos órdenes organizados de la vida, el espiritual y el temporal. En siglo tras siglo un incambiable decreto de derecho divino “parece” haber mandado que, de acuerdo a la doble naturaleza y al doble destino del hombre, deberían existir dos órdenes separados, uno de los cuales llenaría el destino temporal y mundano del hombre, mientras el otro lo prepararía aquí en la tierra para la eternidad posterior. Y cada uno de dichos órdenes aparece necesariamente como un reino externamente separado, dominado por su propio derecho particular…

EL ESPÍRITU MEDIEVAL SE REHUSA CON FIRMEZA A ACEPTAR ESTE DUALISMO DEFINITIVO. … las grandes tendencias de la Edad Media se pusieron a batallar… (sobre dualidad o unidad).

El partido eclesiástico halló la solución del problema en la soberanía del poder espiritual. Cada vez más francamente el principio de unidad empieza a aparecer como el cimiento filosófico de aquella teoría que, desde los días de Gregorio VII para acá, pedía, con más o menos vigor según los tiempos, que todos los ordenamientos políticos se considerasen como parte y jurisdicción de la organización eclesiástica…

Si la humanidad es una sola, y si no puede haber más que un Estado que comprenda a toda la humanidad, dicho estado no puede ser otro que la Iglesia, fundada por Dios mismo, y toda soberanía temporal puede ser válida únicamente en tanto y cuanto es una parte de la Iglesia…

… el principio de separación entre los poderes eclesiásticos y temporales… era aplicable únicamente al modo en que debía ejercerse… la porción más digna queda en manos del sacerdocio y la mundana queda en manos menos dignas… es sólo por mediación de la Iglesia como el poder temporal posee sanción y mandato divino (no por el orden natural, que viene en segundo lugar, agrego yo)… el Papa tiene ambas espadas…

La Iglesia satisfacía por entero el postulado de la Unidad sobre la dualidad.”

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El autor pone esto como el pensamiento que sustentó la Iglesia Católica, y lo pone como el pensamiento de un “partido”, pero no estafa, dice con claridad lo que pensaban, sin dar los fundamentos teológicos porque es un “historiador”. Para nosotros la Iglesia no es “partido”, sino la Mater et Magistra, y ese pensamiento, debe ser el nuestro. Y sabemos los fundamentos teológicos.

Esta claridad del pensamiento católico se “silencia” frente al poder político que se quiere independizar a fines de la Edad Media y a fin de evitar choques que auguraban una derrota (la querella de Bonifacio VIII), y luego se pierde, se confunde. Pero como verán el problema es viejo, y de a poco se va volviendo a la dualidad, pero no desde la Iglesia. Desde pensadores “católicos” bien pagos por el poder, la más de las veces adscriptos a regímenes absolutistas católicos y que dan pie a la ruptura liberal posterior. Es “nuestro” defecto. Nuestro pecado político.

Ousset y Calderón Bouchet son de los pocos que no cayeron en la trampa. Y porque ahondaron en los estudios medievales.

Creo que mis adversarios “dualistas” ya - gracias a Dios-  no me leen más. Pero sigue siendo este error la causa de eterna rencilla y el punto de partida que produce las confusiones, presentándose la más de las veces, como un “dualismo mitigado” o camuflado, ya que llevado con rigor, los deja fuera del pensamiento tradicional. Este dualismo mitigado, es en realidad, la única puerta que les queda para “colaborar” sin caer en grave y consciente culpa. Y los que los lleva a una desconsideración de la gracia.

Piensen que la Iglesia nace en el siglo I, es decir después del Imperio ¿y cómo reclama derechos superiores? Porque Cristo hace una Nueva Creación, un Nuevo Orden, una nueva “forma”.

La “forma” o causa formal, es el principio de vitalidad de la materia de un ente, y el nuevo principio de vitalidad que Cristo ingresa a la vida del Mundo, es su Gracia, que es Su Vida en nosotros, su voluntad en la nuestra, que trans-forma. La Gracia es el principio vital de la Iglesia, es su causa formal, es su forma, y ha sido venida para gobernar toda la humanidad en busca del fin que se hizo recién posible con Cristo. ¡Todo es nuevo!

¡Son duros! Han agarrado el chancho por la cola y no lo van a soltar.